En esta casa no entrará ni una grasa saturada. Harto de ver cómo a su prole le crecían los glicéridos en los análisis o la chicha en la cintura, G comunicaba así su veto al colesterol. Todos acataron la decisión. A partir de entonces las visitas al supermercado se convirtieron en una especie de debate clínico: las etiquetas de las salchichas se comparaban, los ingredientes de las mantecas se interpretaban y las galletas se sometían a escrutinio para elegir las más cercanas a los cánones de salud. Con el tiempo, la familia de G se fue volviendo esbelta y lucida, pero con una mala uva que les granjeó el alejamiento de sus amistades. Agobiado por la amargura que había invadido su hogar, una tarde G dio una palmada en la mesa, corrió al hipermercado y volvió con un cargamento de morcilla, salchichón y pizzas. Todavía están ingresados.
¡Estupendo microRelato! No sabía que el colesterol se acumulaba también en el cerebro y ayudaba a las endorfinas a aplacar la mala leche ;) Besos, Andrés.
Envíame una foto y escribiré un relato:lamicroscopista@yahoo.es
Al binocular
Eso no se hace, Slawomir Mrozek. Remordimiento, Thomas Bernhard. La migala, Juan José Arreola. Últimos atardeceres en la tierra, Roberto Bolaño. Nocilla Dream, Agustín Fernández Mallo. Un tranvía en SP, Unai Elorriaga. La mujer parecida a mí, Felisberto Hernández. Thomson, Braun, Corberó, Philishave, Quim Monzó. Un artista del trapecio, Franz Kafka. La hija de Rappaccini, Nathaniel Hawthorne. Manuscrito hallado en una botella, Edgard Allan Poe. Manuscrito hallado en un bolsillo, Julio Cortázar. Continuidad de los parques, Julio Cortázar. No oyes ladrar los perros, Juan Rulfo. Las furias de Menlo Park, Ignacio Padilla. El rastro de tu sangre en la nieve, Gabriel García Márquez. Triste canta el búho, Carlos Murciano. Lo infraordinario, Georges Perec. 84, Charing Cross Road, Helene Hanff.
6 comentarios:
Hola
Es lo que tienen los extremos, y el ser radical con ciertas actitudes, que acaban pasando factura.
Bello relato.
Besotes.
El famoso efecto rebote, ¿verdad? ¡Gracias, M, por tu lectura comentada!
Me alegra saber que no hicieron dieta de lechuga. No pierdo la esperanza.
Fanny, si hubieran hecho dieta de lechuga también estarían ingresados.¡Bienvenida!
¡Estupendo microRelato! No sabía que el colesterol se acumulaba también en el cerebro y ayudaba a las endorfinas a aplacar la mala leche ;) Besos, Andrés.
Venga ya, Andrés, ¿no sabías que el colesterol (en pequeñas dosis) ayuda a ser feliz? Besos, M.
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