Su madre le dejó en herencia un manojo de llaves. F se pasó los días buscando por el pueblo las cerraduras que tales llaves abrían: el refectorio de la iglesia, el establo de M, el desván apolillado de V. Le llevó años dar con ellas; aquel llavero heredado le permitió conocer uno a uno a todos sus vecinos que, intrigados por el misterio, le abrían las puertas de casa y lo invitaban a comer. Cuando cumplió noventa años sólo le quedaba un llavón por investigar. Se pasó meses repasando los payos, pajares y capillas que le faltaban; ningún portón cedió a su insistencia. Un día de labor se le ocurrió probar en el cementerio: le tembló la mano al ver que el bombín giraba a la par que su muñeca. Recorrió la senda hasta la tumba de su madre, quien se levantó para pedirle el manojo. Ya no te van a hacer falta, le dijo.
Andrés, me alegro de que me hagas bordadora. Mis vacaciones han cundido, allá por tierras burgalesas y de pueblerina total. Espero que tú también hayas disfrutado. Besos, M.
Llevaba semanas sin entrar en tu laboratorio. No podía leer tu último post en día más apropiado. Deberías convertirlo en guión, el guión en corto y el corto en premio de algún festival de cine fantástico y de terror de cierta ciudad a orillas del Cantábrico.
Envíame una foto y escribiré un relato:lamicroscopista@yahoo.es
Al binocular
Eso no se hace, Slawomir Mrozek. Remordimiento, Thomas Bernhard. La migala, Juan José Arreola. Últimos atardeceres en la tierra, Roberto Bolaño. Nocilla Dream, Agustín Fernández Mallo. Un tranvía en SP, Unai Elorriaga. La mujer parecida a mí, Felisberto Hernández. Thomson, Braun, Corberó, Philishave, Quim Monzó. Un artista del trapecio, Franz Kafka. La hija de Rappaccini, Nathaniel Hawthorne. Manuscrito hallado en una botella, Edgard Allan Poe. Manuscrito hallado en un bolsillo, Julio Cortázar. Continuidad de los parques, Julio Cortázar. No oyes ladrar los perros, Juan Rulfo. Las furias de Menlo Park, Ignacio Padilla. El rastro de tu sangre en la nieve, Gabriel García Márquez. Triste canta el búho, Carlos Murciano. Lo infraordinario, Georges Perec. 84, Charing Cross Road, Helene Hanff.
9 comentarios:
SOBERBIO es poco. BRUTAL, diría yo.
OLI I7O
¿Será que en Bolivia se llevan los superlativos?
Oli,me alegra que también viajes por mi blog.
Besos,
M
Chica: esta vez LO HAS BORDADO. Y lo digo en serio: es espectacular. Espero que las vacaciones hayan ido bien. Andrés
Andrés, me alegro de que me hagas bordadora. Mis vacaciones han cundido, allá por tierras burgalesas y de pueblerina total. Espero que tú también hayas disfrutado.
Besos,
M.
Así ha sido: más cerca del Pirineo que de la Cordillera Cantábrica, pero también de pueblerino total; ahora, a empezar bien el curso. Un beso, A.
Llevaba semanas sin entrar en tu laboratorio. No podía leer tu último post en día más apropiado. Deberías convertirlo en guión, el guión en corto y el corto en premio de algún festival de cine fantástico y de terror de cierta ciudad a orillas del Cantábrico.
Besos mil...
Cada cierto tiempo no puedo resistirme a comprobar si has publicado un relato nuevo. Todos son extraordinarios. Gracias.
Pepe LIllo:
Ni yo
Ana, Pepe: gracias por visitarme de vez en cuando. Lo que ocurre es que no llego a todo, y como sólo sé escribir por placer...
Un beso,
M
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