Cuando le iban a sacar sangre siempre le acompañaba su padre. N sentía bastante respeto por las agujas, pero le compensaba: al salir desayunaban en la cafetería que quedaba junto al ambulatorio. Qué vas a querer, le preguntaba. Como si no supiera que N iba a pedirse un chocolate y un cruasán. Años después su padre sucumbió a una leucemia. Pese a todo, N mantuvo la ilusión por conservar esta ceremonia de la sangre y el cruasán. Una vez al mes acudía a la consulta; creo que tengo anemia. Su médico le contestaba, imposible; hace un mes tus hematíes cumplían el estándar. Pero N insistía, en cuatro semanas pueden cambiar las cosas. Al final el doctor accedía y le daba fecha para la prueba; la mañana en que le tocaba, lo veía desde la consulta removiendo su chocolate en el bar de la esquina.
Y es que a N ya apenas le gustaba el chocolate, sus papilas ya no eran las de siempre, sus recuerdos, sin embargo, cada día tenían más sabor. PD. Un gusto: el chocolate y leerte. Pepe Lillo
Envíame una foto y escribiré un relato:lamicroscopista@yahoo.es
Al binocular
Eso no se hace, Slawomir Mrozek. Remordimiento, Thomas Bernhard. La migala, Juan José Arreola. Últimos atardeceres en la tierra, Roberto Bolaño. Nocilla Dream, Agustín Fernández Mallo. Un tranvía en SP, Unai Elorriaga. La mujer parecida a mí, Felisberto Hernández. Thomson, Braun, Corberó, Philishave, Quim Monzó. Un artista del trapecio, Franz Kafka. La hija de Rappaccini, Nathaniel Hawthorne. Manuscrito hallado en una botella, Edgard Allan Poe. Manuscrito hallado en un bolsillo, Julio Cortázar. Continuidad de los parques, Julio Cortázar. No oyes ladrar los perros, Juan Rulfo. Las furias de Menlo Park, Ignacio Padilla. El rastro de tu sangre en la nieve, Gabriel García Márquez. Triste canta el búho, Carlos Murciano. Lo infraordinario, Georges Perec. 84, Charing Cross Road, Helene Hanff.
1 comentario:
Y es que a N ya apenas le gustaba el chocolate, sus papilas ya no eran las de siempre, sus recuerdos, sin embargo, cada día tenían más sabor.
PD. Un gusto: el chocolate y leerte.
Pepe Lillo
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