08 febrero 2009

El conquistador

Cuando era joven, C adquirió un apartamento en un rascacielos de Madrid. Un poco elevado para su gusto (décimo), pero con unas vistas a la Sierra que le daban mucha paz. Con los años se casó y su familia creció; también lo hicieron la población y el grado de contaminación de la capital. Sin quererlo, C había cambiado los montes lejanos por un aire gordo que no le dejaba ver más allá de la nariz. Por eso decició investigar. Hizo migas con la presidenta de vecinos y consiguió acceder a su piso, decimocuarto para más señas. Se asomó. Comprobó que aquel aire gris sólo subía hasta el once. Así que C abandonó a su mujer, se juntó con la presidenta y pudo disfrutar de un paisaje que tenía olvidado. Unos años más tarde, C se percató de que el aire gordo ya superaba el nivel de su propia ventana. Indagó quién presidía la comunidad, se presentó en su casa piso decimoséptimo y afrontó un nuevo cambio de vida.

L A M I C R O S C O P I S T A ©

13 comentarios:

Andrés dijo...

Dear Julia, "con los años creció la población, la contaminación", y también... la corrupción. (No logro ver el título del libro de Belén Gopegui, ¿cuál es?) Un beso (desde Madrid)

Julia dijo...

Andrés, qué tal. Justo estaba en tu página para ver qué nos contabas. Si andas por Madrid espero que sea por encima de un decimoséptimo. Seguro que la corrupción tiene que ver con la contaminación, cuando se pierde un valor nunca se pierde solo. El título del libro es "La conquista del aire", curioso cómo hace ver que muchas veces atribuímos a un factor externo claves que realmente están dentro de nosotros. Me falta media novela, los relatos cortos han cambiado mi ritmo de lectura. Esto merecería un ensayo, hablamos de gustos literarios y nos olvidamos de que uno también elige ritmos literarios, ¿o no?

Andrés dijo...

Es una bonita frase, esta última: "uno elige ritmos literarios"; en mi caso no puede ser más cierto, habitualmente más interesado (aunque para mi mal) en el estilo que en la trama. ¿No te acompañan a tí también algunas lecturas de ritmo crónico? Es decir, que nunca se acaban, y tomas y retomas con placer tras muchas interrupciones. 2666 es un buen ejemplo de ello, también mi último descubrimiento, que te recomiendo: "Casi nada", de Daniel Sada. Un fuerte abrazo.Am

Andrés dijo...

Perdón, en qué estaría pensando: "Casi nunca", se llama el libro. ;) Am

Julia dijo...

Cómo mola, tu idea de los libros crónicos. Apuntaré esta idea de los quistes literarios para algún relato. Yo me compré 2666 hace un año, lo puse de canto en una estantería y lo miro todos los días sin haber leído ni la primera frase (un intento desesperado de conservarlo en la categoría de "por leer"). Y me anoto tu Casi nunca, ¡gracias!

Fanny Brice dijo...

Es curioso, algunos libros esperan de canto en la estantería; yo tengo otros que desesperan tumbados en la mesilla de noche. Y otros reconquistan el aire ;-) Estoy de acuerdo en que hay ritmos literarios. Y creo que las lecturas que nos atrapan también secuestran nuestro ritmo. Un libro te impacta y después te impide leer otro porque tu emoción sigue entre las páginas recién acabadas. Quizá yo me muevo más entre emociones literarias. Como cuando leí "Corazón tan blanco" de Marías, o con la novela de Gopegui. Y ahora, después del "Ensayo sobre la ceguera" de Saramago, sólo he sido capaz de leer biografías. Hasta que recupere el ritmo.

Andrés dijo...

Si está de canto en una estantería y mirado con deseo (en vez de con culpa), me temo que ya (sin haberlo empezado) se ha convertido en un libro crónico ;) Un saludo, Am

Oli dijo...

Mis libros pendientes, como indica doblemente la palabra, deberían estar "colgados", o a lo sumo "inclinados" cuesta arriba.

Sin embargo más que libros pendientes, yo tengo libros latentes, también en el doble sentido de "dormidos" (cual virus) y "latiendo" (cual corazón). Porque las buenas historias y los buenos libros son los que ya habías leído sin saberlo. Los que estaban dentro de ti.

Por cierto, ¿era un vídeo lo que ilustraba tu entrada? Porque al reproducirlo, me salta, enorme, el libro+entorno correspondiente.


OLI I7O

Julia dijo...

¿Qué pasa aquí? Libros desesperados, libros crónicos y libros enormes que saltan. Os confieso que lo de Julia es un mote, en realidad soy un libro que escribe.

Andrés dijo...

¡Ya lo decía yo! ;D

Querido libro que escribe: para ser un humano/a sabías demasiado de los vasos comunicantes entre vida y literatura.

Fanny Brice dijo...

Ya, pero ¿estás de canto, inclinado, deseperado, latente? ¿Qué postura adoptas para escribir? ¿Cuál es tu ritmo, Mac o Moc?

Fanny Brice dijo...

Y lo olvidaba, ¿en qué piso está tu estantería?

Julia dijo...

En el primero. Con un aire gordo que no me deja ver más allá de lo que leo.