06 julio 2008

De síntesis

Tampoco eran tan malas, las grasas saturadas. Tras muchos años visitando bibliotecas, D había optado por cultivarse en el súper. Ya que no estaba a tiempo de leerse a los clásicos, pensó que quizá las etiquetas de los alimentos, como fuente de vocabulario, fueran una alternativa digna. Se inició en la sección de galletas, donde adquirió las nociones básicas y unos cuantos kilos de más. Pronto las dejaría por los congelados en verano o los chocolates en invierno. Y así fue creciendo su cultura, a base de manteca de cacao, gluten y maltodextrina, términos que iban engrosando el ingente archivo informático de D.

Una madrugada, tras horas de registrar ingredientes, la asistenta de D lo encontró desfallecido sobre el teclado. El patólogo que le realizó la autopsia llamó al director: D presentaba, en el área del lenguaje, cientos de ovillos con una textura similar al poliestireno.


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