08 diciembre 2008

Plegador

La pasión de g por plegarlo todo era algo fuera de lo común. Tenía unos dedos afilados que movía con precisión de taquígrafo; cuando se topó con un manual de papiroflexia encontró la horma de su pantufla. Pasó de los veleros a los trasatlánticos en cuestión de semanas. Todo lo plegaba g: las sábanas cada mañana, la cartilla de las notas, los billetes de autobús; en un tristrás se rodeaba de pajaritas, dinosaurios y flores compuestas. Cosa que caía en sus manos, cosa que cambiaba de identidad. Su madre, G, estaba encantanda con el chaval; su padre no tanto. Le preocupaba la falta de afición del chico por las tecnologías modernas. Cansado de verle doblar, le puso adsl en casa. Ni caso. Probó a comprarle una tele para la habitación. No la miró. Le regaló una consola de las caras. Cero. Comenzó entonces la etapa de los castigos, de las voces; de romperle las figuritas de papel. Ayer, al llegar de la oficina, G lo vio arremangado y le preguntó, dónde está papá. Cogiéndola de la mano, g la llevó a la cocina y le dijo, en el cajón.

L A M I C R O S C O P I S T A ©

4 comentarios:

Fanny Brice dijo...

Pantufla. Alguien dobló la palabra y en lugar de tener forma de zapatilla se transformó en el padre de los ZipiZape. Sublime la última frase.

Oli dijo...

Me pliego de admiración
cual zapatilla en un escalón.


OLI I7O

jarry_plotter dijo...

Me quedaron los pelos de punta Julia, me ha encantado!!!....bueno, la verdad que estoy leyendo bastantes de tus relatos y me están dejando pegado a la silla, enganchado total...me alegro mucho de que me hayas descubierto tu blog....te debo unas figuras!!!

Un abrazo plegado del Plegador!
Jaime

Julia dijo...

¡Qué alegría verte por aquí, Plegador! La pajarita de la foto ha pasado ya por unos cuantos libros y aún sigue viva, ¿tienes el secreto de la inmortalidad (aunque sea plegada)?